Charly García sigue de celebración
Charly García en el Gran Rex. El icono del rock argentino siguió festejando sus 60 años con un gran show y canciones invencibles. Repite mañana, el 8 y el 11.
Charly García completó el martes la presentación de la trilogía de conciertos con que celebró -y seguirá celebrando mañana, el 8 y el 11- sus 60 años. Hasta aquí, la crónica objetiva del concierto El ángel vigía.
A partir de ahora, todo estará teñido por la sensación de haber asistido a una noche de revelaciones. A una celebración como hace mucho, pero mucho, no tenía espacio en un recital de García.
Porque, si antes el cantito de hinchada que declaraba “si esto no es aguante, el aguante dónde está” era una manera de soportar los minutos y horas de atraso en el comienzo de las presentaciones de Charly, anteayer lo fue de pedir una más, tras un set de veinte canciones inmunes al paso del tiempo.
Porque si antes el comienzo de cada tema era la puerta de entrada a un caleidoscopio sonoro con salida incierta, el miércoles lo fue también, pero de acceso a un universo musical que ganó en matices y significación.
García concibió el festejo público de su llegada a los 60 con una mirada conceptual de las que escasean en el paisaje del rock local. Y, en ese contexto, a la tercera luna le correspondió “el repertorio más fino” de los tres. Cuya interpretación sólo padeció cierta fragilidad en la Piano bar inicial.
Luego, ya no habría más riesgos de zozobra. Ni siquiera ante un extraño ruido que interrumpió la parte instrumental, a piano, viola, violín y chelo, de Desarma y sangra.
Pero eso fue al final. O casi. Aún faltaban una versión de Eiti Leda en la que Carlos González se vistió de Pedro Aznar y Charly de aquel Charly. Y faltaba Funky. E Instituciones -fuera de programa-, renovada, potenciada. También faltaba que el hombre se bajara sus calzas, de rabioso fucsia. Apenas un guiño folclórico del rock.
Antes, además de guiños, hubo rock. Y en el rock hubo tango en Canción de 2 x 3 y en Plateado sobre plateado, con Fernando Samalea en bandoneón en la primera, y en vibráfono en la segunda.
También hubo relato en la voz de Juan Alberto Badía, y advertencia “a los que se siguen llamando chabones”. Y hubo rock no chabón en El día que apagaron la luz y Deberías saber por qué. Ahí, por ejemplo, la revelación de dos buenas canciones. “Siento que es la primera vez que el público la comprende”, dijo Charly de la segunda.
“¿Qué va a bailar, reggaetón?”, preguntó, mientras sonaba Popotitos, prólogo de la presentación de la ensalada internacional que componen, además de González y Samalea, el Negro García López, el Zorrito Von Quintiero, Toño Silva y Kiuge Hayashida, más las cuerdas de Alejandro Terán, Christine Brebes y Julián Gándara, y la voz de Rosario Ortega.
Después, sí, la secuencia final: Llorando en el espejo/Vía muerta/Raros peinados nuevos/Rap del exilio/Asesíname, con un Charly inspirado, comediante, contento y, sobre todo, y ante todo, artista.«








